Los altercados en Hollister y el nacimiento del parche 1%.

Si hace unas entradas os habíamos hablado de una película llamada ¡Salvaje! (podéis releer la entrada aquí: http://leonartmotors.c...e=news_comments&newsID=35), dónde analizábamos la que fue una de las primeras películas con el estereotipo de motero macarra. Hoy queremos hablaros del incidente real en el que se inspiraron para rodar el film, el llamado “Altercado de Hollister” dónde se escribió un pedazo de la historia motera.

El altercado de Hollister, quizás es una de las anécdotas más alocadas dentro de la cultura motera. La anécdota se remonta al 4 de julio de 1947 (fiesta nacional en Estados Unidos) dónde en un pequeño y tranquilo pueblo llamado Hollister se había preparado una pequeña concentración de motos y moteros apoyada por la A.M.A (Asociación Americana de Motocicletas). Parecía un plan perfecto, rock and roll, carreras, concursos y cerveza. Hasta que la organización del evento se dio cuenta que no dejaban de llegar asistentes, la fiesta estaba pensada para no más de 1.000 personas pero acabaron superando las 4.000.

La juerga se fue animando y animando, demasiado quizás para los puritanos y tranquilos habitantes de Hollister. La calle principal era una pista de carreras y el lugar ideal para quemar neumático, los bares tuvieron que cerrar antes ya que acabaron con la existencia de cerveza, hubo varios heridos por realizar alocadas proezas encima de su fiel compañera… La fiesta llegó a ser incontrolable para los pocos policías del pueblo, pero nada extremadamente grave en realidad.

El problema llegó al cabo de unos días, cuando los principales titulares de los periódicos más importantes decían: “Estragos en Hollister” o “¡Disturbios! Los motoristas toman una ciudad". Además, la revista Life publicó la siguiente foto, dónde se ve un conductor con una cerveza en cada mano y el suelo lleno de botellines vacíos. La foto no es del todo real ya que el fotógrafo que la tomó, preparó la escena.

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A partir de ese momento, la mala imagen de los moteros aumentó y el relaciones públicas de la A.M.A dio una conferencia remarcando que los participantes de los altercados tan sólo representan el 1% de los motoristas americanos.

Seguro que habéis visto en algún que otro chaleco un parche con un 1%, a partir de ese momento y hasta el día de hoy, muchos moteros se lo ponen denotando su inconformidad con la ley o el sistema.

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En LEONART somos asistentes asiduos a diferentes concentraciones multitudinarias, todas ellas tranquilas, se nos hace impensable que esto pasara hoy en día, y que a la organización se la pueda ir tanto de las manos pero también es cierto que eran otros tiempos. Con los años, se ha ido haciendo más difícil separar los mitos de los hechos que ocurrieron en ese tranquilo pueblo americano. Así que la verdad quedará para aquellos que vivieron ese alocado fin de semana.

La historia de los cascos de motocicleta - Capítulo 2

La semana pasada empezamos la primera parte de uno de los artículos más curiosos que hemos escrito en el blog: la historia y la utilidad de los cascos de moto.

Vimos que en sus inicios tenían una función completamente diferente a la que tienen hoy en día, hablamos sobre la muerte de un personaje histórico muy importante que si hubiera llevado casco hubiera sobrevivido al accidente. Y por último, llegamos a los años 50 iniciándose las primeras patentes en el diseño y la fabricación en serie. La historia continúa y llega la segunda etapa en la evolución de los cascos de moto.

Llegan los alborotados años 60 y tras varias oleadas de desafortunados accidentes con víctimas mortales, se implanta por fin la normalización del uso del casco gracias a la Fundación Snell. De esta manera entraron en el mercado la fibra de vidrio y el recubrimiento de corcho proporcionando así una mayor seguridad y protección alrededor de la cabeza. Pero no fue hasta 1970 cuando se empezó a instaurar la protección facial de la mano de pilotos como por ejemplo Kenny Roberts.

Han pasado 44 años. Estamos en 2014, y el casco no ha cambiado substancialmente en esencia ni se ha rediseñado, es cierto que los materiales se han ido refinando y su ergonomía también ha ido mejorando, pero no ha habido un cambio radical… Hasta ahora.

Estamos muy contentos porque al parecer hemos entrado en una nueva etapa en la historia de los cascos, la etapa tecnológica. La primera marca que ha apostado fuerte ha sido Skully. Además de rediseñar la estética convencional del casco, han incluido un sistema bluetooth, un control por voz, una visera tintada electrónicamente, un GPS y una visión de 180 grados que nos permite ver qué ocurre a nuestras espaldas. ¡ESPECTACULAR!

Aquí tenéis una imagen:
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y aquí el vídeo: http://youtu.be/ZdcWd594lRw

Se lanzarán a mediados de 2015 y el precio es de 1500 $. En LEONART estamos seguros que ahora que la veda esta abierta cada vez habrá más implementación tecnológica en este mundo y eso nos gusta mucho..

Aprovechando el cierre, una vez más queremos recordar que desde LEONART pedimos sentido común y que se use el casco siempre, sin excusas.

Por fin la era tecnológica ha llegado al mundo del motor.


La historia de los cascos de motocicleta - Capítulo 1

Normalmente, cuando hablamos de nuestra alma gemela siempre se hace referencia al conductor, a la moto y a un tercer elemento que no se nombra pero es de vital importancia, el casco.

Cabe decir antes de todo, que desde LEONART pedimos sentido común y que se use el casco siempre, todos los pasajeros y en distancias cortas y largas.

Pero, ¿conocéis el origen y la evolución hasta nuestros días de este artilugio que nos puede salvar la vida?

El primer casco, que era de cuero, se fabricó junto a la primera motocicleta en manos de Gottlieb Daimler en 1885. La función del primer casco era muy diferente a la de hoy en día, la moto alcanzaba la friolera velocidad de 18 km/hora, por lo tanto, el casco solamente servía para evitar que los conductores se despeinaran o se ensuciaran el pelo con la contaminación de la ciudad.

No fue hasta el año 1935 dónde el neurocirujano Hugh Cairns se planteó que el uso de un casco reforzado podría sería beneficioso para evitar muertes. Llegó a esta conclusión tras presenciar impotente la muerte de Lawrence de Arabia. Había padecido un accidente mientras montaba su Brought Superior, el Dr. Cairns afirmó que el arqueólogo se habría salvado de haber llevado esa prenda protectora.

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En los años posteriores, las empresas fabricantes de motocicletas competían para lograr fabricar motos más rápidas. Lo que llevó a conducir motos mucho más veloces produciendo que los accidentes mortales se incrementaran de una manera aterradora para todos los conductores de la época. Entonces, en el año 1950 el investigador americano Charles Lombard patentó lo que sería un esbozo inicial del diseño de los cascos que hoy en día utilizamos. Empezaron a fabricarse en serie produciendo así una mejora en los materiales, un exterior ligero pero resistente junto a un interior acolchado.

De esta manera en los años 50 terminaba la primera edad del casco, dónde había pasado de ser algo puramente estético a algo completamente funcional. En otro post hablaremos de la segunda edad de los cascos, dónde explicaremos la diferente evolución tecnológica que han vivido y esbozaremos como serán en un futuro.

Futurismo, cine y luz.

Hoy queremos repasar otra gran película, una película dónde nuestra amada compañera tiene un importante papel protagonista. Es muy probable que todos nosotros en algún momento hayamos deseado tener una moto futurista, una moto de luz como las que salen en Tron, una película que muchos guardamos en nuestro recuerdo, ya que a nos cogió en una época infantil o adolescente y nos marcó con su avanzada tecnología digital.

En pleno 1982, Steven Lisberger nos sorprendió con un film de ciencia ficción extremadamente moderno. Dónde por primera vez se mezclaban las imágenes reales con las creadas artificialmente mediante una simulación 3D por ordenador. De esta manera se puede afirmar que Tron fue la pionera en utilizar la técnica digital CGI (Common Gateway Interface), lo que no sabían es que la industria hollywoodiense convertiría el CGI en una técnica prácticamente obligatoria de efectos especiales, como prueba están los taquillazos noventeros como Jurasik Park o Terminator 2.

Como podemos observar en la foto, hoy en día los efectos especiales de Tron se ven completamente desfasados y mal conservados, aparentemente parecen simples pero llevaron un gran esfuerzo crearlos en su momento. Y si los comparamos con la foto que hay debajo, la precuela “Tron: Legacy” de 2012, podemos ver el cambio significativo de les efectos especiales en tan sólo 30 años.
(foto de www.microsiervos.com)
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El film tiene una trama sencilla, un jovencísimo Jeff Bridges encarna a un informático que se ve teletransportado al interior de un ordenador muy potente con un malvado programa que desea controlarlo todo, guión simple y eficaz. Si no la habéis visto, no os decepcionará si ya la habéis visto, nunca está de más rememorar uno de los grandes clásicos del cine de los 80’s.

Por último comentar que las famosas motos de luz, con las que todos soñábamos, tenían una forma extravagante y unos colores chillones, brillaba por todos lados y desprendía velocidad con tan sólo mirarla. Podríamos decir que las motos de luz de Tron han marcado un diseño a seguir en como serían las motos del futuro según las directrices de los años 80’s. Como detalle anecdótico, añadir que consiguieron crear una versión real de la moto después del lanzamiento de la precuela en 2012.

En LEONART nos encanta Tron por saber combinar a la perfección, duelos de motos y carreras. Nos apasionan las carreras de motos de luz, su estética y apariencia. Las creó Syd Mead, inspirándose en la KJ Henderson customizada por customizada por O. Ray Courtney en 1930. Una preciosa reliquia que estamos seguros que han marcado a toda una generación.
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Nos gusta conducir.

Es muy probable que muchos de vosotros recordéis un anuncio que salía en la televisión hace varios años, quizás es uno de los anuncios más famosos de la historia de la publicidad española. Era un anuncio sobre una marca de coches. Una carretera desierta, un coche con la ventanilla bajada, una mano ondeando lentamente notando el poder del aire y la velocidad, una voz en off preguntando a los espectadores una simple cuestión “¿te gusta conducir?”. Desde entonces el anuncio ha sido repetido y todos alguna vez hemos imitado esa liberadora sensación. Pero la pregunta que planteamos en LEONART es un poco diferente.

¿Porqué nos gusta conducir?

Es una pregunta complicada, cada uno tendrá sus propios motivos y argumentos para coger el manillar de su alma gemela. Pero si es cierto que entre todas las personas que optan por esta actividad tienen diferentes rasgos comunes, rasgos como el hecho de conducir les ayuda a evadirse de la realidad y dejar atrás estados de ánimo negativos. A muchos de nosotros conducir nos otorga una gran paz interior.

(foto de motoservices.com)
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Es importante señalar que muchas veces los vehículos ya no se utilizan sólo como medio de transporte, la finalidad por la cual se crearon. Ahora, muchas veces se conduce simplemente por el placer de disfrutar de la conducción, un placer muy relajante según la gran mayoría, notar como dominas y llevas el control de la situación, una conducción intuitiva y vacía de decisiones predefinidas. No planificar y no tener miedo al camino desconocido, decidir que no hay ni destino ni ruta. También, a muchos de nosotros, conducir nos hace estar de buen humor, cuando conduces te alejas, casi de manera literal, de todos tus problemas. La brisa aclara tu mente dicen.

En LEONART nos gusta conducir porqué nos hace sentir libres.

¿Porqué os gusta conducir a vosotros?

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